lunes, 25 de abril de 2022

76.- MI CASA CON ESPIRITUS


Sí, estoy tomando una referencia muy cercana al título de unos de los best seller de mi muy admirada y escritora favorita Isabel Allende, pero de hecho lo mío tiene poca relación – o tal vez si- con el hermoso libro de mi amiga la Chabe. Desde que termine de escribir el número 75 (Florecer), me quede pensando en mi casa, está en la que vivo, que es la casa de mi abue, mi Maruja, en la que viví con ella muchos años felices – los más felices puedo decir- y en la que vivo hoy sola, acompañada de mi fiel hija perruna Bernarda. Una pregunta común de la gente cuando saben que vivo sola es ¿no te da miedo? Y cuando saben que vivo en una casa vieja, donde muchos de los que fueron sus habitantes ahora están en otro plano, me dicen ¿NO TIENES MIEDO? Siempre la respuesta es no.  Cuando volví a esta casa, luego de la muerte de mi Maruja, cuando volví a esta casa enorme, donde siempre estuvimos las dos, ahora yo sola, sentí que mi corazón se hacía más chiquito, como si se hiciera bolita él solo, casi fue un santuario para mí al menos por un año, cuando finalmente me decidí a –al menos-  mover alguna cosa de lugar. Repasando la historia de esta casa, sumando y restando, toda mi familia ha vivido un tiempo aquí, desde mi bisabuela, mis tíos, mi madre, mis hermanas, mis primos, mis tíos abuelos, creo que no hay alguien que no haya tenido una temporada aquí, la casa familiar, la casa a donde todos podían ir, la casa donde siempre hay camas y baños – algunos ubicados en lugares muy extraños como en medio del patio-  baños para todos – limpiando el jardín, limpiando debajo de la escalera que va al segundo piso, encontré un bajo, 36 años para enterarme. Hay 3 pérdidas que me han fragmentado, cada una quebrando un pedacito de mi corazón a la vez: mi tía Arcenia, mi tío Arturo y mi Maruja, ellos son para mí – como dice la canción de Alejandro Saenz- hay gente que no consigues olvidar jamás, no importa el tiempo que eso dure; los 3 han vivido en esta casa. Cuando volví sola a esta casa, me advirtieron que tuviera cuidado, porque ellos o mi Bisabuela Juana que también vivió aquí y que está con ellos ya en el cielo, estarían rondando por aquí, que los espíritus siempre se quedan en los lugares donde han estado. Claro, cualquier persona hubiera huido despavorida, sin mirar atrás a llenar todas las esquinas de agua bendita y a traer 4 padres para que hagan 90 rezos, hacer 5 pagos a la tierra y matar 5 cuyes y 4 gallinas negras, pues ¿Qué creen? Lo que más ansiaba era poder volver a sentirlos aunque sea un ratito, la ilusión que me daba cruzarme con ellos al menos así, poder verlos, escucharlos, no lo sé, solo tenía una certeza ¿Cómo iba yo a tenerle miedo a alguien que amaba tanto? No me paso un segundo por la cabeza que alguien que me había amado tanto en la vida, me pudiera hacer algo, de hecho, saber que ellos iban a estar aquí conmigo, fue uno de los impulsores a que yo me venga a vivir sola a esta casa. Nunca los he visto, por más que yo he querido, nunca se han presentado ante mí, pero mentiría si les digo que nunca los he sentido: hay veces que entro en la cocina y huele a los guisos que preparaba mi Maruja, otras veces cuando estoy por olvidarme la llave siento de reojo que alguien pasa y al voltear recuerdo q estoy saliendo sin la llave, otras veces cuando me siento sola, suena en la radio la canción favorita de uno de ellos, alguna vez olvido donde deje algo y al voltear la cabeza lo encuentro; ellos siempre encuentran la forma de llegar a mí. Siempre he creído que todos somos energía y una parte de esta se queda en los lugares donde vivimos, donde somos felices, donde dormimos, donde comemos, donde estamos; en estas paredes hay tanta, la historia en ellas hace que seamos un foco energético luminoso que se ve desde la Saturno.

 Recuerdo que cuando mi tía y mi Maru se sentaban en la cocina a pelar habas y yo iba con un cuaderno a tomar nota de las historias familiares, de los nombres de tatarabuelos y de tías que nunca conocí, así me enteré de las fiestas que hacían en la casa, del duende del batán, del entierro de un tesoro que hicieron hace muchos años unos arrieros en el patio y que nunca nadie saco por temor al antimonio, supe también de los cuyes de la mamá Juanita y de los caracoles del jardín, supe del gusto de mi Maruja por usar las ollas viejas de maceteros y de cómo en el departamento de atrás han vivido todos mis tíos, supe cómo fue que mi hermana que cayó de las escaleras jugando con mi otra hermana, como se escondían mi Maruja y mi tía debajo de la cama cuando su mamá les quería pegar y supe también de el mejor lugar para esconderse cuando jugaban escondidas, ciertamente nunca supe porque tomaba nota de todas esas historias, solo pensaba que habían pasado tantas cosas que yo no sabía y que quería saberlo todo, no sabía que el tiempo con ellas se me estaba agotando y que era el mejor tiempo invertido de mi vida esas conversaciones sobre Chinanpatitas y tías monas que nunca entendí bien, quisiera poder cerrar los ojos y escuchar las risas de esas épocas, tengo la esperanza de que si pego bien la oreja a la pared podré escuchar algún eco aun. Sí, mi casa está llena de espíritus, vivo en una casa llena de mis amados espíritus familiares y todas las noches, cuando apago la luz y me toca cruzar por el patio oscuro o cuando tengo que atravesar el corredor oscuro que de pequeña me hacía correr de miedo, voy tranquila; cuando apago la luz de mi cuarto y me pongo a pensar que estoy sola y me quiere entrar un pequeño temor, recuerdo que hay tantos aquí conmigo, que cualquiera al entrar se espantaría de ver a tanto espíritu junto que no llegaría a poner los dos pies aquí  y saldría corriendo. Me siento segura, me siento protegida, me siento cobijada, sé que están aquí, los siento, mi corazón hecho bolita los percibe y en esa lejanía corporal de ellos, con 0.01% de su presencia aquí, yo soy feliz.

lunes, 4 de abril de 2022

 75.- FLORECER


Leí por ahí en alguna red social que las plantas son los nuevo perros y los perros son los nuevos hijos, en esta generación actual, que sinceramente ya no sé si somos millenials, X,Y,Z, babybommers o lo que se ponga de moda, quiero decir que los 30tones de ahora, no nos estamos afanando tanto por tener hijos y la vida matrimonial, lo que hasta hace una generación los afligía tanto, ahora nos la llevamos más suave y si tienes una mascota en casa y una planta linda que consigues mantener viva, tienes el 80% de posibilidades de estar llevando una vida exitosa. Yo llegue a ambos placeres de manera curiosa, cuando regrese a vivir a mi casa, luego de mi experiencia capitalina de 5 años, la tuve clara y mi Berni- mi hija perruna- llego por default, lo de las plantas si fue una cosa más infructuosa. Esta mi casa, es la casa de mi abue, mi Marujita, con la que viví 15 años de mi vida; y cuando cierro los ojos, puedo sentir el olor delicioso de la cocina y verla a ella acomodando sus plantitas en el jardín. Claro está que cuando volví encontré casi todo seco y solo unas cuantas que milagrosamente sobrevivieron y como venían impregnadas del recuerdo de ella y de la magia que tenía en sus manos para hacer vivir hasta al apio seco que le vendían en la tienda, les puse empeño a ellas, solo a ellas, a las 5 plantitas que me quedaron de herencia, esas que estaban en la ventana que estaba frente a su mecedora y que a ella le encantaban mirar. Hasta que llego doña pandemia todo iba bien. Según yo, me fui por 15 días a la casa de mis papás a pasar la cuarentena, para no quedarme encerrada con la Berni y cachetear descaradamente la locura, sí más aun, las deje ahogadas de agua con la promesa de que ya volvía. Un año fue, un año me quedé allá, 3 meses me soñé con ellas, hasta que las sentí irse y con ellas un pedacito de ti también. Apenas pude volví, y increíble o no había una viva, la magia de las suculentas-es un tipo de planta, tranquis- rápido le eche agüita y con todo mi corazón le pedí que no se vaya también. A medida que se fue recuperando, me di cuenta que lo de ella no era estar solita, que eso no es bueno para nadie, ni para una plantita, así que me dije, bueno vamos por un par para poner aquí. No sé si fue el universo, el destino, los astros y los espíritus con los que camino, pero no había ves que saliera a la calle que no me topara con una persona que vendiera plantas ; y me había ido tan bien con las primeras, que decidí por qué no, darles más compañía. Siempre pensé que tenía mala mano, de hecho así era, cuando Marujita me pedía que trasplantara alguna, o que sembrara otra: ADIOS, chau plantita. Empecé mi aventura con las plantas con un miedo, ufff la de ruegos que les daba para que no se murieran, les conversaba bonito, pero así bien en serio para que se pongan machas y se queden conmigo, pero sobre todo con ella, que le gustaba mirar plantitas en su ventana. Sin darme cuenta se me lleno la ventana y no había donde poner más, me dije: OK, esto es todo. Salí a comprar a la tienda y había una señora vendiendo plantas, me acerqué a ver, tenía cactus, nunca antes quise cactus porque me daban miedo las espinas, no sé, los veía malos, como que me podían hacer daño. Me dijo cosas tan bonitas de los cactus y de la forma en la que bloqueaban las malas energías y como protegían la casa que me compré, con mucho miedo diré, uno y como me vio tan entusiasmada, me regalo otro: el universo, los astros, los espíritus, que sé yo. Bueno inauguré la sección cactus en la otra ventana que me quedaba libre. Recuerdo cuando era pequeña, que esta casa estaba siempre tan llena de plantas, como le gustaba a Marujita dedicarse a eso y tenía una mano maravillosa, donde sembraba hacía florecer: ollas con hueco, bateas rajadas, tazas quebradas, baldes de plástico; ella no necesito nunca de floreros para tener las plantas más bonitas, y la entrada de la casa era una fila larga de flores, enredaderas y plantas hermosas que te daban la bienvenida. Para mí fue duro dejarla ir, lo es todavía, mover sus cosas, descartar sus objetos, cambiar de lugar lo que ella dejó, es duro y difícil. Este año tomé mucho valor y saque del almacén las bancas, repisas y todo lo que encontré que me pudiera servir, para poder volver a armar la entrada de la casa de mis recuerdos. Me he dedicado con mucha amor a eso, he comprado maceteros por docenas, he comprado porta plantas, y ni que decir plantas; es gracioso, me gusta conversarles, cuando veo que se están secando las cuadro o les pregunto que les falta, cuando las veo tristes porque me voy de viaje un par de días les doy cariño, cuando les hecho agua converso con ellas de lo bonitas que son y de lo feliz que me hacen, ni que decir de cuando les bailo y les canto, basta! Yo sé que no me hablan, pero cuando veo que se abre una nueva flor o que les sale una hojita nueva, es como si me dijeran algo. Ojo que se me han muerto algunas, es una ciencia complicada esto: que si mucha luz, que si poca, que si mucha agua, que si poca, que si al lado de esta, que el macetero muy chico, que si detrás de esta otra, que muy cerca al piso, que muy cerca de la ventana, ufffff. 

De hecho he aprendido cosas muy bonitas de ellas, para mi- yo sé, es mi pensar- cuando tienen hijitos, osea les sale una inflorescencia, es para mi una señal de que son felices y que me devuelven un poquito del amor que les doy, mis nietos les digo; pensar que lo que más me costo fueron los cactus y son los que más veces me han hecho abuela y que nietos más hermosos tengo, hay cactitus bebes pululando por toda la casa y parecerá mentira, pero sus espinas me resultan suaves, nunca me han hecho daño. Me dan lecciones sin siquiera darse cuenta: tenía una planta bella, que no daba ni flor ni crecía, estaba dentro de la casa en el mejor lugar y nada, un día caminando vi una igual, hermosa llena de flores y recibiendo el sol directo, no tardo mucho es ponerse bellísima al moverla de lugar, lo mismo una que ya se me moría y al moverla de lugar me da tantas flores que ya no sabe más como gritar lo feliz que es, a veces no nos damos cuenta, pero no estamos en el lugar que nos permite florecer, por más que tengamos todo para ser feliz, ese no es EL lugar para nosotras. Ahora comprendo porque Marujita era tan feliz cuidando el jardín, plantando, cortando hojitas secas y echándoles agüita, me disipo, me escucho, me encuentro, la encuentro a ella también, pero con las manos llenas de tierra, siento que puedo liberar de todo y al ver sus flores me permito soñar en que un día, así como ellas, a pesar de todo también podré florecer de nuevo las veces que yo quiera.

lunes, 28 de marzo de 2022

78- Corre Forest Corre

Hace unos años me fui a vivir por primera vez sola, pero sola solita, en una ciudad donde no tenía un familiar donde ir corriendo si es que se me quemaba la ducha, o una tía donde ir a gorrear comida cuando se te acabo la plata, o un primo que llamar cuando se te rompe la llave para entrar a la casa, me fui sola solita a una ciudad a la que había ido un par de veces, pero siempre acompañada de alguien. Los primeros días disfrute como loca esta nueva vida, por primera vez en mi vida, solo tenía que preocuparme por mí, desde despertarme a dormirme, la única prioridad en mi vida era, después de 29 años: YO. Y uno piensa, ufff que lindo tengo todo el tiempo del mundo para mí, pero había estado dedicada tanto tiempo a otros que no me conocía nada, rapidito nomas me di cuenta que no sabía nada de mí, no encontraba qué hacer con mi tiempo cuando terminaban mis ocupaciones, encerrada en ese cuarto de 4x4, mirando el techo, analizaba las mejores 3 formas de llamar a casa y decir que me iba a regresar porque no iban bien las cosas. Digamos que la situación económica no era la mejor, pero nunca llego a la peor, al menos en el primer año, tenía lo suficiente para comer todos los días, moverme a donde tenía que llegar y una vez a la semana comerme algo rico y nada más. En mi completa ociosidad me volví la más eficaz y resolvía las tareas que eran para todo el día en solo horas y tenía más de medio día para seguirlo compartiendo con la insoportable de mí. Me sentaba en el piso a pensar como antes tenía tantas personas con las que hablar y ahora pasaban días sin intercambiar una palabra con una persona. Antes de que termine la primera semana, empecé a sentir una presión en el centro del pecho, como si el universo me hubiera metido un puñete, me faltaba un poco el aire y sentía que las paredes de mi cuarto, en el que podía pasar 48 horas sin salir, se venían sobre mí. Antes de caer en la locura decidí ponerme ropa deportiva y salir a explorar la zona. Era un barrio tan bonito, habían tantos árboles, tanto verde, hermoso y residencial lleno de gente que me miraba por las enormes ventanas, con cara de que sabían que yo no era de ahí. Huyendo de las miradas de juzgamiento, me topé con unas personas que iban corriendo, haciendo footing  creo que se dice, por un caminito alegre, no tenía luz de luna o de sol, pero se veía amigable, así que decidí caminar por ahí, llegue al fin a un enorme circuito deportivo donde muchas personas corrían, hacían ejercicio, otras con equipos de música hacían rutinas aeróbicas, camine entre ellos y no lo podía creer, ninguno me miro con cara de superioridad o asquito, como algunos de mis vecinos o hasta el vigilante de la cuadra. Me puse a correr detrás de unos tipos que iban empilados con audífonos y relojes en los que miraban su tiempo, yo me sentía la muy deportista: por favor, yo vengo de 4000metros sobre el nivel del mar, aquí a 0.0msnm voy a ser una gacela. En 3 minutos había perdido a los tipos y a mí me estaban temblando las piernas, tome aire y decidí que aunque me costara la vida iba a terminar ese circuito, el que no tenía ni idea cuanto tenía de distancia. Empecé a correr y paso a paso me fui soltando de todo, me concentraba por momentos en mi respiración, otros en mis pasos, los más bonitos en los pajaritos que estaban en los árboles, los más álgidos contaba las veces en la que los tipos del inicio, me pasaban, no tuve ni idea de cuánto tiempo hice pero llegue al final del circuito que había sido en el mismo lugar en el que empecé, me tumbe en el pasto, casi sin aliento y me sentí tan feliz, hacía días que no sentía esa paz en mi, tuve el chance de resetear mi cerebro por unos minutos y pensar únicamente en NADA, abracé tanto esa emoción que decidí volver ese día y luego el día siguiente y el día que vino después también. Pero no crean, el performance fue mejorando, ya llevaba zapatillas para trote, mis audífonos, mi botellita de agua en mi canguro, mi celular con música chévere y mi gorrito, porque la insolación del primer día todavía me duele.

Era tan liberador, que nunca me vi despertando temprano para salir a correr, pero cuando no lo hacía sentía que el día no había marchado bien. Hace ya 9 años que empecé con ese gustito y estos últimos meses lo he retomado con fuerza, inicialmente porque gracias a la pandemia tenia, aproximadamente 200kilos de más y cero soles en la cuenta, así que no encontré mejor forma de ejercitarme, pero este 2022 me ha exigido retomar mi gustito culposo. Recuerdo que en mis mejores épocas en el país de las maravillas, donde hay ese circuito hermoso para correr, lo mejor que pude hacer fueron 7kilometros, y esto era cuando sentía que la presión en mi vida me iba a tumbar, se me caía el pelo a mechones, comía y a los segundos quería vomitar, no podía dormir, y me despertaba llorando a media noche, revisaba las cuentas todos los días para saber si llegaba o no, si no fuera por que salía a correr hubiera perdido la razón y antes de hacerlo decidí que era tiempo de volver. Aquí en mi casita de nuevo, más en paz con el universo y con mis espíritus, el universo me regalo un circuito para correr, la octava parte de lo bonito que era el otro: no hay árboles, no hay pajaritos ni tampoco muchas personas que lo usen para correr y no como parqueo; pero llego caminando y nadie me jode, así que no puedo pedir más. Les decía que volví a correr hace unos meses, pero desde que arrancó este año y el estrés y las paredes y la presión en el pecho volvieron me he mandado con fuerza a correr, ahora solo me pongo los audífonos y corro, procuro hacer un número determinado de vueltas, pero me jalan tanto mis pensamientos que me descuido en la cuenta y a la mitad ya no se en que voy, la verdad es que solo me dejo llevar, mi mente siempre en cosas bonitas cuando corro, así que la estoy pasando tan bien que no me interesa mucho parar, ya cuando las rodillas se empiezan a doblar solitas, sé que ha llegado el momento, 10.50km fue el viernes y así como va el año y la vida, creo que este año como mínimo termino en 15km. Amo correr, escucharme a mí y darme a tiempo a mí a pasar todo en limpio y solo concentrarme como tengo la bendición de que ingresa el aire en mis pulmones y mis musculosa obedecen lo que les pido, amo la hora que tengo para escuchar a mis células, amo el tiempo que me doy para dejarme ir, amo el tiempo que me dedico a amarme. Tal ves por eso Forres un día empezó a correr y no paró más, tal ves solo quería tener la mente en limpio y escuchar lo que dentro de él le decían.

 

 

viernes, 11 de marzo de 2022

 73.-  LA MUJER MARAVILLA

Recuerdo que de chiquita me gustaba la mujer maravilla y  mientras mi mamá cocinaba o mi tía ayudaba a limpiar la casa, yo vivía dándome giros para convertirme en la mujer maravilla, me escondía en la alacena de los víveres y con el trapo, la escoba o el cucharon y cuando escuchaba que lo necesitaban, salía dando giros, diciendo que la mujer maravilla había venido a salvarlas de sus problemas, me recuerdo también dando giros por la casa con mi látigo de la verdad, intentando que Emanuel, en el casset, me dijera porque esa chica era de humo, me sentía poderosa como la mujer maravilla. Tuve que ir soltando de a pocos a la mujer maravilla, porque mis amigas lo que les gustaba era jugar a los bebes y a la cocinita. Pronto me afane con los thundercats y chitara era mi favorita, yo quería correr rápido como ella y golpear a los malosos, tuve que disimular mi gusto por los thundercats, porque mis amigas estaban muy afanadas con las barbies y el juego principal era casarla con ken, mala suerte la nuestra cuando de nuestro grupo solo una tenía el ken y la suya era la única Barbie que se casaba, las nuestras eran siempre las amigas que la ayudaban a prepararse para la boda. Después de eso me afane con los carritos y soldados, siempre tuve un par a la mano. La mía es una historia interesante, soy la menor de tres, las 2 primeras fueron mujeres, por eso esperaban que 8 años después yo fuera el hombresito soñado. Todos tejieron celeste, no es sorpresa para mí que mis primeras fotos sean con mantitas y ropones celestes, tengo una mantita azul en mi cama todavía. Siempre estuve a la búsqueda de la heroína a quien admirar, pase por los X-men amando a Tormenta, hermosa historia en la que me volteé todo el frasco de talco para tener su cabello, luego de eso tuve una larga relación de admiración por la agente Scolly, que mujer tan inteligente, tan lista, tan hábil, tan… nunca lo confesé, pero por ella quería ser médico para entrar al FBI y buscar marcianos. En secundaria la presión de grupo me hacía gritar mi amor y admiración por Salserín o por Servando y Florentino, la verdad que de estos dos últimos nunca me gusto ninguno, me parecían dos patas sin gracia, pero había que seguir lo que decían las demás y lloraba por el más flacucho con ellas. Para fortuna mía, en mi paseo mensual en las tiendas de libros, encontré uno de nombre chistoso “La casa de los espíritus”, ¿será de fantasmas? PAPÁ!!!!! Leyó la contratapa y sin decir mucho me lo compró, Isabel Allende fue mi nueva heroína, la que por cierto no suelto, ni soltaré jamás. Mi búsqueda de heroínas, se detuvo momentáneamente cuando vine a vivir con mi abuela, como a todo viejito le gustaba mucho contar sobre su vida y encajamos como piezas de rompecabezas, porque a mí me encanta escuchar. Pude descubrir la historia de mi familia, colmada de mujeres tan valientes, que la mujer maravilla no les llegaría ni al talón, mujeres tan inteligentes, tan trabajadoras, tan machasas, que me di cuenta que había estado mirando todo el tiempo para afuera, cuando debí de ver en las paredes de mi casa todo el oro sin pulir que había. Debo de reconocer que fue por contar sus historias, que empecé a escribir en serio. Con el pasar del tiempo me he dado cuenta de que me he rodeado de muchos círculos de mujeres:  de las que quieren ser las más brillantes haciéndote a ti la más opaca; de las que piensan como tú, hablan como tú, comen lo que tú, mientras tu les seas útil, después eres una persona sobrante; de las que te usan descaradamente para tener algo que tú tienes, sin pudor ni reparo, dándote 10 centimos de cariño y como droga hacen que te vuelvas dependiente a ellas, siempre haciéndote sentir mal, por no ser lo buena que ellas necesitan que seas (necesitas un golpe fuerte del universo para soltarse de esas)también las hay de las que entran a tu vida solo un ratito para enseñarte lo estúpida que puedes llegar a ser y luego se van saltando sobre los pedacitos de ti que quedan; luego las hay de las que entrar a tu vida un ratito nomas para sanarte y luego se van para sanar a alguien más; hay otras con las que, como película de amor, la conexión es instantánea, al verlas sabes que es agua del mismo cántaro y que aunque se hablen una vez al mes, van a estar ahí siempre, se lo digan o no; luego hay las mágicas, esas almas que fueron destinadas para ti, esas mujeres con las que compartes la misma energía, la misma esencia, el mismo fuego, esas hermanas distribuidas por todo el universo, que llegan a tu vida para quedarse para siempre.

Es hasta un poco vergonzoso decirlo, pero fue recién el año pasado que descubrí la palabra SORORIDAD, un grupo de mujeres maravillosas me la hizo conocer y también me la hizo sentir, esa solidaridad entre mujeres tan necesaria en estos tiempos tan confusos, ¿qué por qué hay una palabra para lo femenino y no para los hombres? Cuando tengas miedo de subir en falda a una combi o de ir un taxi muy tarde sola, crearan una palabra para los hombres.  Desde el año pasado me siento una mujer poderosa y eso es porque tengo un circulo de mujeres valientes, amorosas, inteligentes y siempre echadas para adelante, ellas me confortan, me dan fuerza y ánimo para seguir adelante y aunque algunas ya no están en este plano, sus historias y energía están siempre conmigo, hazte ese favor, rodéate de mujeres que te hagan ser mejor, junto a ellas, siempre para arriba, que siempre te recuerden lo mágica, poderosa y especial que eres.